De dos modos puede perjudicarse el naciente progreso de estos países: 1º Con malos impuestos deficientes en su base de equidad; 2º Con una reglamentación excesiva contraria a la libertad económica. Entonces la carga pública gravita con extraordinario rigor sobre la masa social diseminada en su territorio despoblado, la empobrece por que le quita un elemento esencial de su riqueza circulante, quizá el capital mismo con que cuenta en la explotación de su comercio o industria. De ahí se origina el desequilibrio permanente entre el consumo público y el privado, reagravado por los excesos de la guerra civil, la cual es un efecto y no una causa de la enfermedad (Tristán Avellaneda, Finanzas, 1904, Introducción, pág. 11).