
¿Porqué Noetinger Avellaneda?
Por Carlos Noetinger y Tristán Avellaneda, nuestros bisabuelos, ambos protagonistas de la etapa de consolidación institucional y económica de Argentina. Sabía de la obra de Carlos gracias a Fernando Noetinger y a Tristán lo descubrí con Norah Avellaneda.
La prolífica vida y obra de estos personajes ha resultado ser un excelente estímulo para enfrentar los desafíos que conlleva la vida profesional en este país tan especial.
Me refiero a la arbitrariedad administrativa y política, la corrupción, el desorden y la inestabilidad normativa, la mala fe, los abusos, las limitaciones del sistema de administración de justicia y otros males que sufren nuestros clientes y nosotros mismos.
Esas fallas del sistema que desde 1853 trata de regir la vida en común se remontan a nuestros orígenes, incluso a la época colonial.
Como lo constataron Agustín Alvarez, Sarmiento y otros visionarios, estas deficiencias culturales se encontraban muy arraigadas en los albores de la etapa de organización institucional, allá por 1853.
Sin embargo, estas taras no impidieron que Argentina alcanzara un desarrollo significativo.
Los pilares de ese auge fueron el marco institucional y la energía empresaria, que se conjugaron para llevar a la República Argentina a un lugar destacado en el mundo, partiendo de una situación muy precaria, tanto en lo que se refiere a garantías legales, como en lo que concierne a los recursos humanos y a la infraestructura.
El proyecto de país republicano y progresista y la sabiduría y sensatez institucional fueron personificadas por Alberdi, Sarmiento, Fragueiro y otros que, luego de largos años de feroces disputas y ausencia de instituciones democráticas, dieron forma a los cimientos socioeconómicos del país. El dinamismo económico fue encarnado por muchos emprendedores, venidos de Europa en su gran mayoría, que superaron dificultades inimaginables.
Como en otras familias, en la nuestra confluyen esas dos vertientes.
Tristán Avellaneda, tucumano de nacimiento, integró la Universidad Nacional de Córdoba como alumno y docente en el tránsito entre los siglos diecinueve y veinte y nos legó una obra pionera sobre Finanzas Públicas (incluyendo impuestos) en la que despliega erudición sobre los aspectos teóricos de la materia y un profundo conocimiento sobre nuestro sistema institucional e historia y sobre los difíciles aspectos prácticos del funcionamiento de la administración pública, que remontaba sus vicios a la época colonial. Es notable su sensibilidad para con el medioambiente y los consumidores y su progresismo tributario.
Su hijo Tristán libró duras batallas como abogado en Buenos Aires, defendiendo a concesionarias de servicios públicos frente a las diversas medidas populistas adoptadas desde la primera mitad del siglo veinte.
Por el otro lado, mediante la donación de terrenos y contratos muy ventajosos con los colonos inmigrantes que echarían raíces en el establecimiento familiar, Carlos Noetinger contribuyó, junto a Alejandro Grant, al surgimiento de la ciudad cordobesa que, desde 1912, se conoció como Noetinger y fue parte de los cimientos de lo que hoy constituye uno de los motores de nuestra economía, el sector agroindustrial.
Su hijo Enrique construyó en 1927, como integrante de Noetinger Lepetit, una fábrica y la localidad de La Escondida, en el Chaco, y también impulsó el crecimiento de la empresa bajo los mismos principios de desarrollo integral del personal y sus familias e innovación continua.
Con esta página, con el compromiso profesional y el libro sobre el marco regulatorio de la energía eléctrica pretendo honrar el legado de Carlos Noetinger y Tristán Avellaneda y también el de sus descendientes.
Y lo hago reclinándome en el pasado pero mirando al futuro, pues «… para crear el porvenir, hace falta preparar en el presente algo de él, ya que la preparación de lo que será solo puede hacerse mediante la utilización de lo que ha sido, la vida se dedica desde el comienzo a conservar el pasado y a anticiparse sobre el porvenir en una duración en la cual pasado, presente y futuro se montan uno sobre el otro y forman una continuidad indivisa: esta memoria y esta anticipación son, como lo hemos visto, la conciencia misma …» (pág. 26) «… ¿Por cual signo reconocemos habitualmente al hombre de acción, aquél que deja su marca sobre los acontecimientos en los cuales lo entrevera la fortuna? ¿No es por el hecho de que abarca una sucesión más o menos extensa en una visión instantánea? Cuanto más grande es la porción del pasado que cabe en su presente, más pesada es la masa que empuja hacia el porvenir para presionar contra las eventualidades que se preparan: su acción, semejante a una fecha, se dispara hacia adelante con tanta más fuerza cuanto más tensada hacia atrás esté su representación.» (pág. 29) Henri Bergson, “La Energía Espiritual”, Editorial Cactus

Muy buena reseña Juan! Es excelente homenajear y reconocer a nuestros antepasados, quienes en condiciones no siempre favorables allanaron el camino para nuestro presente. Un abrazo!
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Así es Mati. A nosotros nos tocaron épocas difíciles, pero nuestros antepasados enfrentaron desafíos
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